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P. – ¿Por qué cree usted que Luisa Pastor, presidenta de la Diputación, ha puesto a un poeta al frente de esta institución que ocupa tantas disciplinas?

Creo que ha preferido confiar en un hombre de la cultura que, por consabidas circunstancias, conocía muy bien la institución. Ignoro si la presidenta de la Diputación ha leído mi currículum, si sabe o no cuántos libros he publicado, o si está al día en mi labor como poeta, como ensayista o escritor de novelas. Lo que me ha demostrado es que me conoce y me respeta lo suficiente como para creer que puedo dirigir con responsabilidad un organismo de la talla del Gil-Albert. Por cierto, y aunque resulte anecdótico, también soy profesor universitario.

 

P. – Ser

poeta hoy, ¿no puede parecer algo anacrónico?

Ser poeta hoy puede parecer un anacronismo, pero sigue siendo un oficio necesario. Parece que nadie lee poesía (ni ahora ni hace cinco siglos), pero no se concibe el mundo Esmorzar i conversa

Me encantaría que el legado de Miguel Hernández se quedara en el Gil-Albert

La Ficha

El Local

La Sastrería. Como su nombre indica este local fue antes del corte y confección que de gastronomías y enológicas. Situado en la encantadora plaza de Gabriel Miró y dirigido con pulso firme por María Luisa Rivera, su especialidad son nuestros platos regionales de toda la vida, desde un cocido, unas lentejas o un estupendo marmitako, más alguna que otra sorpresa gala. Es lugar de concurrencia de profesionales: arquitectos, periodistas y panda de amigos y amigas de los de toda la vida, dada la ajustada y honesta relación entre calidad y precio.

La manduca

Tomamos un aperitivo con cerveza casi congelada y espuma sostenida, y vino El Campillo, que acompañaron a una costra de foie caramelizado, unas muy bien aliñadas aceitunas negras y unos calamares a la andaluza perfectamente fritos.

Un poeta en el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

José Luis Ferris, alicantino nacido en 1960, licenciado y doctor en filología hispánica entre un Alicante que nacía y una Salamanca que bostezaba, consiguió pronto la fama literaria gracias a un accésit en el prestigioso premio Adonais, obteniendo al año siguiente el Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana. Después vinieron sus ensayos sobre Miguel Hernández, Carmen Conde o Maruja Mallo, e incluso una novela El sueño de Whitman, que obtuvo el Premio Málaga de Novela 2009. Pero como más cómodo se ha sentido siempre es entre sus poemarios, y paradójicamente ahora es un enamorado de los libros para niños. Recién nombrado director del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, en el que ya lleva varios años como director de publicaciones, piensa que si la calle no va al Instituto, el Instituto irá a la calle, y asume que no tendrá injerencias políticas, ni de camarillas intelectuales.

 

sin ella. Los poetas verdaderos son y han sido los grandes visionarios; ellos ha sabido distinguir lo esencial de lo banal, y creo yo que, con la que está cayendo, nos conviene releer a Machado, a Gil de Biedma o a Paca Aguirre para jerarquizar la vida, para defender aquello que merece la pena y para saber despreciar la mediocridad y la estupidez.

 

P. –  Mediocres, estúpidos, inteligentes y doctos, todo el mundo hace poesías alguna vez en su vida.

Pues sí, y quien esté libre de pecado, que tire el primer verso, ¿no es así? La poesía, como el acné, se padece sobre todo en la pubertad. Hay quien la supera y la olvida y hay quien ya no concibe la vida sin ella, quien la convierte en su compañera de viaje y en su modo de entender el mundo. Estos son los menos y, si son buenos, acaban encerrados en una antología y hasta se les lee en las escuelas cuando mueren.

 

P. – Eso de llevarse el Premio Nacional de Poesía a los 80 años, como le ha sucedido a la poetisa alicantina Francisca Aguirre, ¿no le parece una cruel ironía contra los críticos literarios? Tiempo habían tenido de darse cuenta.

Pues sí, y no sabe cómo me alegro de que me salga con ese tema. Precisamente yo mismo presidí el jurado que el pasado año concedió al último libro de Paca Aguirre, Historia de una anatomía, el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández. Me pareció una obra espléndida y la defendí hasta el último momento junto a otros miembros del jurado. Ahora le han concedido a ese libro el Premio Nacional y uno piensa que, por fin, han abierto los ojos. Paca Aguirre es de lo mejor que ha dado la literatura española del medio siglo, pero, ya se sabe, ser mujer sigue siendo un lastre en muchos órdenes de la vida.

 

P. – Todavía corre la vieja polémica de si debe, o no debe cobrar el Director del Instituto de Estudios Alicantinos, o Instituto Juan Gil Albert. A propósito, ¿cuál es la denominación que más le gusta?

La denominación exacta es “Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert”. Creo que es la etiqueta que mejor define al organismo porque subraya el equilibrio entre lo local y lo universal. Respecto al tema de si debe cobrar o no el director… Qué quiere que le diga. Si se tratara de una institución como Alfons el Magnànim, donde el director es elegido por una especie de junta rectora entre varios aspirantes, entiendo que cobre una asignación mensual. En el caso del Gil-Albert no lo veo tan claro. Es un nombramiento directo, de confianza, y no se contempla esa opción. Si uno acepta, ya sabe a lo que juega.

 

P. – Usted fue impresor, por encargo de su padre, y aunque nadie dude de su honradez, es lógico que miren a quien encarga las futuras publicaciones del Instituto. ¿Se llevó demasiadas Valenzuela en el pasado?

Desde el primer momento dejé claro que mi juego era limpio. Además, los encargos de impresión, las adjudicaciones, se fueron realizando prioritariamente desde la gerencia, no desde mi departamento. En cualquier caso, basta con revisar las facturas y las publicaciones del instituto en los últimos doce años para comprobar el buen criterio con el que se ha repartido el trabajo entre las imprentas de la provincia.

 

P. – Se supone que en tiempos de crisis económica la cultura será la primera en pagar el pato de las restricciones.

Siempre ha sido así, aunque no es un tema que me quite el sueño. El instituto tiene un presupuesto anual que permite, a mi entender, gestionar con holgura la cultura, las publicaciones, las ayudas a la investigación… Aunque llegara el recorte, la solución está en saber administrar bien el gasto, en emplearse a fondo con la imaginación, en organizarse mejor.

 

P. – Ya acabado el año hernandiano con polémica incluida, ¿en qué entidad e institución cree que debe permanecer su último legado?

El deseo de la mayoría, en la que me incluyo, es que el legado físico del poeta (manuscritos, objetos personales, cartas, etc.) se quede en la provincia. Dadas las circunstancias, me encantaría que estuviera en el Instituto Juan Gil-Albert. Es un organismo que representa precisamente a toda la provincia y es un centro al que acuden cada vez más investigadores. Facilitaríamos el acceso a ese material y no se quedaría en cajas durante lustros.

P. – Una demostración de Paco Torreblanca, nuestro pastelero más reconocido, abarrotó el Instituto; y sin embargo, a una conferencia sobre Miguel Hernández, no llegaron a ocupar la sala ni 10 personas.

Torreblanca llena porque sus creaciones se leen con el paladar y el estómago. Sin restar virtudes al maestro pastelero, eso no tiene un mérito especial. Basta comprobar cómo cualquier exhibición gastronómica atrae masiva y abrumadoramente a toda clase de público. Otra cosa hubiera sido una conferencia monda y lironda de uno de estos chef sobre el sexo de las almejas, sin vino de honor ni canapés. A ver quién acude, en circunstancias así, a escucharlos. Sin embargo, mi experiencia sí me dice que una buena conferencia sobre Miguel Hernández atrae a mucha gente interesada, haya o no copa de cava al acabar.

 

P. –  La revista Canelobre editada sobre nuestros vinos se agotó inmediatamente, e incluso hubo que hacer otra dirección. Pero hay otras, sobre personajes y momentos históricos alicantinos que duermen prácticamente enteras en los anaqueles de la diputación.

Ahora mismo las estamos despertando. Quiero decir que si el pueblo no va a la cultura, la cultura tendrá que salir a la calle y mezclarse con el pueblo. Muchas de esas publicaciones no se publicitaron bien y la gente ignora el tesoro que el instituto guarda en sus fondos. Estamos de acuerdo en que la cultura del vino es más popular que la obra de Enric Valor, pero no por ello vamos a dejar de difundir y publicar los libros, la vida y el legado de un escritor tan nuestro. El Gil-Albert va a desarrollar en breve plazo una política de expansión por colegios e institutos de la provincia. Vamos a implicar a docentes en el proyecto. No vamos a permitir que de la labor de nuestra institución (publicaciones, actos, exposiciones, becas…) pueda privarse alguien.

 

P. – ¿Está a favor o en contra de que puedan editarse a sí mismos los miembros del Instituto, como ha pasado en ciertas ocasiones?

Prefiero que nadie aproveche su paso por el Instituto, sea director, subdirector o miembro de un comité, para autopublicarse por el mero hecho de estar dentro. Esto se ha respetado en los últimos años y al mismo tiempo ha espantado cualquier tipo de especulación y susceptibilidad. Mientras esté al frente del organismo trataré de evitar que estas cosas ocurran.

 

P. – Su antecesor se quejaba de que se había enterado de su cese por los periódicos. ¿Espera tener una suerte más considerada?

Siento tener que matizar las palabras de mi antecesor, pero el último director cesó en el momento en que el presidente de la Diputación que le nombró dejó el cargo. Así consta en los estatutos. Yo no espero, por lo tanto, ni más ni menos consideración que otros directores.

 

P. – En lo referente a las Artes Plásticas, esto ha sido un erial. ¿Cómo piensa recomponer y alentar ese Instituto dentro del Gil Albert, que todos conocemos como Eusebio Sempere?

Abriendo las puertas y dejando que corra el aire. Tenemos que permitir que la gente preparada, los artistas, docentes, críticos, expertos en arte, participe abiertamente y asesore, ayude a planificar, aporte ideas, marque líneas de trabajo, configure con nosotros los objetivos. Para eso se ha nombrado una comisión que, a mi entender, recoge lo mejor de cada casa.

P. – ¿Ve a la Fonoteca dentro del Gil Albert o cree que sería mejor pasarla al Auditorio Provincial?

Después de tanto tiempo esperando la inauguración de la Fonoteca, que ya está a punto de ser una realidad, parecería una broma de mal gusto que se lleve a otro lado. La labor está hecha, al menos el trabajo de digitalización de miles de CDs y la instalación de los equipos ha concluido. Creo que es un servicio que puede ofrecer el instituto y que va a enriquecerlo como centro de cultura.

 

P. – ¿Habría que tener una “discriminación positiva” con los textos en valenciano?

Lo que debemos hacer es recuperar e impulsar en mayor medida los textos escritos en la nostra llengua y fomentar la creación con nuevas colecciones que faciliten la publicación de jóvenes talentos, de nuevos escritores. También hay que ser más rigurosos a la hora de aplicar el bilingüismo en todo tipo de escritos y documentos oficiales, en comunicados internos y en correos. En el propio edificio de la institución se han empezado a cambiar los rótulos y la señalética, los logotipos que hasta ahora sólo se aplicaban en castellano.

 

P. -¿Dónde se encuentra más cómodo escribiendo poesía, ensayo o prosa de creatividad literaria?

En los tres géneros, una vez metido, me siento cómodo. Como pez en ginebra.